Terriblemente puta
Cuando él quería,
ella dejaba caer
su nombre al suelo.
Los libros.
Los títulos.
Las promesas.
Todo quedaba apilado
sobre una silla.
Después
entraba descalza
en otra versión de sí misma.
Una hecha de encaje,
hambre
y silencio.
Terriblemente puta.
Podía abrirse por completo.
Entregar el cuerpo.
Ofrecer el cabello.
Doblar el orgullo.
Pedir con la boca
lo que jamás se atrevía
a pedir de día.
Terriblemente puta.
Lo dejaba recorrerla.
Como humo.
Como sangre.
Como una fiebre lenta.
Quería fumarse con él
las noches.
Los días.
El tiempo.
Maquillaje corrido.
Sábanas revueltas.
Cuerpos exhaustos.
Terriblemente puta.
Pero también quería otra cosa.
Una mano buscando la suya
fuera de la habitación.
La luz de la tarde.
Una conversación cualquiera.
Caminar a su lado.
Putamente ilusa.
Hay deseos
que no pertenecen
al mismo mundo.
O eres puta.
O te enamoras.
O una cosa
u otra.
Terriblemente puta.
Recordará siempre
que lo disfrutaba.
Que nunca se sintió mas puta
que con él.
Y recordará también
que mientras él creía
entrar en su cuerpo,
ella lo recibía
en lo más profundo
de su corazón.
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