Yo
Amo las noches agrietadas.
Las que dejan pasar
algo de luz.
Las que no intentan
parecer perfectas.
La luna nunca me interesó entera.
Prefiero sus bordes rotos.
La música respira despacio.
El mar guarda secretos.
A veces basta una conversación.
Una frase dicha a tiempo.
Una pregunta.
La inteligencia tiene esa costumbre:
abre una puerta
donde antes había muro.
Vuelvo a las conversaciones largas.
A los silencios compartidos.
A los abrazos
que no prometen eternidad.
Aun así,
consiguen abrigarnos.
Y uno comprende
que algunas personas
no llegan para quedarse.
Llegan para abrir ventanas.
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