Pensé tontamente en volver

Pensé tontamente en volver.

No a ti.
Eso sería demasiado fácil.

Pensé en volver
a la mujer que compraba
galletas rellenas de chocolate

sin sentirse culpable.

A la que se detenía
frente a una vitrina
porque había trufas.

O alfajores.

O helados.

Y no necesitaba ninguna excusa.

Pensé en volver

al café con galletas de soda
untadas con mantequilla.

A las aceitunas.

Al atún.

Al refresco de manzana.

Pensé en volver
a las caminatas sin apuro.

A recoger hojas caídas
como quien encuentra cartas.

A guardar tallitos secos
en los bolsillos.

A fotografiar aquello
que casi nadie miraba.

Y después
hacer un poema.
O un video.

O simplemente compañía.

Con esas pequeñas cosas.

Pensé en volver
a los días
en que el mundo todavía cabía
entre mis manos.

Pero el cuerpo es terco.
Guarda cosas.

Un olor.
Una frase.
La forma de una ausencia
sentada a la mesa.

Por eso no sé.
No sé si volveré a ti.
O a mí.

Y sospecho
que esa es la misma pregunta.

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